Trabajo de campo – Mirada del viajero
Imagen 1: Paraná abajo
La calle Paraná es especial. Por un lado actúa como la división entre Vicente López y San Isidro, esto significa que ambos partidos se la disputan en sus mapas, pero ambos partidos se lavan las manos a la hora de hacer las refacciones necesarias. También es especial porque es la calle más cómoda que va directo al río y en ese camino uno se encuentra con las casas más lindas, más refinadas y envidiadas de la zona. Paraná también es especial porque es atravesada por unas vías de tren, dónde se construyó un túnel para pasar por debajo de las vías y jamás se interrumpió el paso de los autos ni se detuvo la marcha de los trenes. Dicen que es el primer túnel hecho en Sudamérica que se hace sin interrumpir el tránsito. Ya ven lo especial que es, y sobre todo para los vecinos de esta calle que durante años se opusieron al túnel ya que esto traería más movimiento a sus delicadas y tranquilas vidas. De todos modos, Paraná es especial y a mí me lleva al río, me relaja, me transporta y suavemente me deposita en la ribera.
Creo que mi recorrido no sería importante si no mencionara a esta calle y si no hubiera foto alguna de ella. La imagen regala un techo de árboles que cubren casi todo el recorrido, el poco movimiento en un día feriado y al final una empinada bajada hacia el río. Tampoco debería olvidar que este viaje lo hago en auto hoy en día, ya no tengo paciencia para hacerlo en bicicleta o caminando solitariamente.
¿Cómo llegue ahí? Por lo general es un recorrido que hago cuando estoy aburrido o cuando la realidad me supera y busco un lugar especial, silencioso, melancólico y sin nadie. El feriado se prestó para salir a pasear un rato y mientras aprovechar la dicha del buen día para fotografiar un espacio único.
La calle Paraná es especial. Por un lado actúa como la división entre Vicente López y San Isidro, esto significa que ambos partidos se la disputan en sus mapas, pero ambos partidos se lavan las manos a la hora de hacer las refacciones necesarias. También es especial porque es la calle más cómoda que va directo al río y en ese camino uno se encuentra con las casas más lindas, más refinadas y envidiadas de la zona. Paraná también es especial porque es atravesada por unas vías de tren, dónde se construyó un túnel para pasar por debajo de las vías y jamás se interrumpió el paso de los autos ni se detuvo la marcha de los trenes. Dicen que es el primer túnel hecho en Sudamérica que se hace sin interrumpir el tránsito. Ya ven lo especial que es, y sobre todo para los vecinos de esta calle que durante años se opusieron al túnel ya que esto traería más movimiento a sus delicadas y tranquilas vidas. De todos modos, Paraná es especial y a mí me lleva al río, me relaja, me transporta y suavemente me deposita en la ribera.
Creo que mi recorrido no sería importante si no mencionara a esta calle y si no hubiera foto alguna de ella. La imagen regala un techo de árboles que cubren casi todo el recorrido, el poco movimiento en un día feriado y al final una empinada bajada hacia el río. Tampoco debería olvidar que este viaje lo hago en auto hoy en día, ya no tengo paciencia para hacerlo en bicicleta o caminando solitariamente.
¿Cómo llegue ahí? Por lo general es un recorrido que hago cuando estoy aburrido o cuando la realidad me supera y busco un lugar especial, silencioso, melancólico y sin nadie. El feriado se prestó para salir a pasear un rato y mientras aprovechar la dicha del buen día para fotografiar un espacio único.
Imagen 2: No pasarás
Paraná es especial en todas sus expresiones. La calle, cien metros antes de llegar a la ribera, es una bajada (o subida) muy empinada que desde siempre fue motivo de diversión para dejarse llevar por la gravedad y emprender una caída con la bicicleta o ahora mismo, ver como el auto comienza a escaparse de las manos y dormido su motor, se entrega Paraná abajo. Pero para mi sorpresa, antes de regalar mi estabilidad a la calle, me encuentro con el paso imposibilitado. Están arreglando algo y me están impidiendo que llegue al río, pero... ¿Quién se encarga de arreglar Paraná? ¿Tengo otra bajada para llegar a mi oasis tercermundista? Suena despectivo, pero les juro que así es.
En la imagen vemos como el paso es anulado, y hay vestigios de reparaciones en la calle. También vislumbramos al fondo el oscuro río y algunos árboles que empiezan a llenar sus ramas de verde u otros que aun son perezosos.
Paraná es especial en todas sus expresiones. La calle, cien metros antes de llegar a la ribera, es una bajada (o subida) muy empinada que desde siempre fue motivo de diversión para dejarse llevar por la gravedad y emprender una caída con la bicicleta o ahora mismo, ver como el auto comienza a escaparse de las manos y dormido su motor, se entrega Paraná abajo. Pero para mi sorpresa, antes de regalar mi estabilidad a la calle, me encuentro con el paso imposibilitado. Están arreglando algo y me están impidiendo que llegue al río, pero... ¿Quién se encarga de arreglar Paraná? ¿Tengo otra bajada para llegar a mi oasis tercermundista? Suena despectivo, pero les juro que así es.
En la imagen vemos como el paso es anulado, y hay vestigios de reparaciones en la calle. También vislumbramos al fondo el oscuro río y algunos árboles que empiezan a llenar sus ramas de verde u otros que aun son perezosos.
Imagen 3: Hay un responsable
Paraná es sumamente especial. Paraná está pretendida por dos partidos para oficializarla en sus mapas pero también para olvidarla y dejarla abandonada. Las quince cuadras que hago sobre Paraná con el auto en realidad es una experiencia aterradora para cualquier fanático del cuidado de un rodado. Lomos de burro, badenes, pozos, asfalto viejo. De todos modos, eso hace a Paraná algo ideal. No creo que puedan entenderme. Pero lo pretendo.
Aun así, en la imagen aparece un responsable, la Municipalidad de Vicente López carga con las reparaciones que el mismo cartel informa. También podemos ver el nombre de la empresa que licita la obra y unos pocos colores que predican: Cuidado, precaución, cerrado el tránsito.
Paraná es sumamente especial. Paraná está pretendida por dos partidos para oficializarla en sus mapas pero también para olvidarla y dejarla abandonada. Las quince cuadras que hago sobre Paraná con el auto en realidad es una experiencia aterradora para cualquier fanático del cuidado de un rodado. Lomos de burro, badenes, pozos, asfalto viejo. De todos modos, eso hace a Paraná algo ideal. No creo que puedan entenderme. Pero lo pretendo.
Aun así, en la imagen aparece un responsable, la Municipalidad de Vicente López carga con las reparaciones que el mismo cartel informa. También podemos ver el nombre de la empresa que licita la obra y unos pocos colores que predican: Cuidado, precaución, cerrado el tránsito.
Imagen 4: Río gris
Por lo general tengo un lugar predilecto para detenerme. Luego de encontrar una bajada alternativa al río, llego a ese lugar que siempre elijo y rápidamente me deshago del auto para adentrarme en lo “verde” y acercarme más a las opacas aguas. Esta parte de la costa del Río de la Plata se caracteriza por una parquización que va desde el comienzo de Vicente López hasta la marina de San Isidro. Si bien siempre hay un punto en común (juegos, estacionamientos para autos, baños, bares, etc.) cada parte de la costa tiene su particularidad: En Vicente López encontraremos más actividades artísticas, una movida interesante con respecto a los bares y una misteriosa continuidad hacia Capital Federal (los invito a conocer, no les adelanto más nada) y de Paraná para “allá” la costa se calma, se llena de más verde y permite darse el lujo de brindar tristeza, aunque el Tren de la Costa de tanto en tanto haga sonar su bocina (la cual también carga una especial melancolía) Es claro, yo elijo este sector, ya me pertenece.
Por lo general tengo un lugar predilecto para detenerme. Luego de encontrar una bajada alternativa al río, llego a ese lugar que siempre elijo y rápidamente me deshago del auto para adentrarme en lo “verde” y acercarme más a las opacas aguas. Esta parte de la costa del Río de la Plata se caracteriza por una parquización que va desde el comienzo de Vicente López hasta la marina de San Isidro. Si bien siempre hay un punto en común (juegos, estacionamientos para autos, baños, bares, etc.) cada parte de la costa tiene su particularidad: En Vicente López encontraremos más actividades artísticas, una movida interesante con respecto a los bares y una misteriosa continuidad hacia Capital Federal (los invito a conocer, no les adelanto más nada) y de Paraná para “allá” la costa se calma, se llena de más verde y permite darse el lujo de brindar tristeza, aunque el Tren de la Costa de tanto en tanto haga sonar su bocina (la cual también carga una especial melancolía) Es claro, yo elijo este sector, ya me pertenece.
Imagen 5: Playa de las vanidades
Después del estacionamiento para autos viene un sector parquizado. Pasto, flores, canto rodado, caminos de cemento, juegos para chicos (y no tanto) y más allá de todo esto, la mano urbanizadora del hombre se limita y permite que el agua se pose sobre una mezcla de suelo de arena, piedras, botellas, puchos, y otras porquerías. El río avanza hasta donde puede y parecería ser que intenta no arrastrar los despojos de los caprichos de los que lo visitan.
Al fondo algunos veleros reposando, algunos barcos camino al puerto de Buenos Aires y algunas boyas. En su orilla, yo desafiando al agua a que me moje las zapatillas mientras intento dar un paso más atrás cuando se acerca. Es siempre el mismo juego. El mismo juego dice que las manos van en los bolsillos del jean.
Después del estacionamiento para autos viene un sector parquizado. Pasto, flores, canto rodado, caminos de cemento, juegos para chicos (y no tanto) y más allá de todo esto, la mano urbanizadora del hombre se limita y permite que el agua se pose sobre una mezcla de suelo de arena, piedras, botellas, puchos, y otras porquerías. El río avanza hasta donde puede y parecería ser que intenta no arrastrar los despojos de los caprichos de los que lo visitan.
Al fondo algunos veleros reposando, algunos barcos camino al puerto de Buenos Aires y algunas boyas. En su orilla, yo desafiando al agua a que me moje las zapatillas mientras intento dar un paso más atrás cuando se acerca. Es siempre el mismo juego. El mismo juego dice que las manos van en los bolsillos del jean.
Imagen 6: El parking de la paz
Inmediatamente luego de jugar con el río, de recorrer su solitaria costa y de comprobar que esta todo bien, vuelvo al auto a encerrarme. ¡La idea de todo este viaje es casualmente esa! Tantos pasos previos para volver al auto, sentarme, poner música y fumarme un cigarrillo. Miren que simple era todo. Un directo recorrido Paraná abajo, una ubicación predestinada y un chequeo costero para acabar dentro del cubículo metalizado.
El estacionamiento debe estar a diez metros del comienzo del río. Es relativamente nuevo, un suelo asfaltado, un parador de troncos y una decorativa vegetación. Recuerdo que antes era suelo de tierra, no habían luces ni caminos ni juegos. Igual lo hecho de menos, aunque ahora me ensucio menos (y el auto también)
Inmediatamente luego de jugar con el río, de recorrer su solitaria costa y de comprobar que esta todo bien, vuelvo al auto a encerrarme. ¡La idea de todo este viaje es casualmente esa! Tantos pasos previos para volver al auto, sentarme, poner música y fumarme un cigarrillo. Miren que simple era todo. Un directo recorrido Paraná abajo, una ubicación predestinada y un chequeo costero para acabar dentro del cubículo metalizado.
El estacionamiento debe estar a diez metros del comienzo del río. Es relativamente nuevo, un suelo asfaltado, un parador de troncos y una decorativa vegetación. Recuerdo que antes era suelo de tierra, no habían luces ni caminos ni juegos. Igual lo hecho de menos, aunque ahora me ensucio menos (y el auto también)
Imagen 7: Veo veo
Paraná es especial. El río es inmensamente solitario. Y mi idea es la de siempre, como estructurada. Después de fumar el cigarrillo, trato que el humo salga por las ventanas o abro las puertas. Soy fumador pero no me gusta ahogarme con mi propio vicio. Si la radio acompaña me quedo un rato más divisando el río desde el auto. Si no acompaña (la radio tiene esos días en que no quiere satisfacer mis necesidades) emprendo la vuelta por Paraná misma o por alguna calle interna de Martínez. Me gusta ver las mansiones... una especie de “masoquismo edilicio”.
Noto que antes de irme, el sol comienza a asomar unos celosos rayos entre sus pomposas nubes oscuras y el río toma un color distinto. Como barro lavado. Junto con los rayos de sol, aparecen nuevos visitantes que magnetizados por una fuerza especial, se desesperan en estacionar, bajar e ir hacia el río. Ellos no conocen de rituales, ni de silencios ni mucho menos de un pucho fumado en el ostracismo del auto. Ellos tienen la necesidad de abandonar sus carros... no les importa ni Paraná, ni lo obstruida que está la bajada ni si sus radios los satisfacen. Tampoco tienen la culpa.
Paraná es especial. El río es inmensamente solitario. Y mi idea es la de siempre, como estructurada. Después de fumar el cigarrillo, trato que el humo salga por las ventanas o abro las puertas. Soy fumador pero no me gusta ahogarme con mi propio vicio. Si la radio acompaña me quedo un rato más divisando el río desde el auto. Si no acompaña (la radio tiene esos días en que no quiere satisfacer mis necesidades) emprendo la vuelta por Paraná misma o por alguna calle interna de Martínez. Me gusta ver las mansiones... una especie de “masoquismo edilicio”.
Noto que antes de irme, el sol comienza a asomar unos celosos rayos entre sus pomposas nubes oscuras y el río toma un color distinto. Como barro lavado. Junto con los rayos de sol, aparecen nuevos visitantes que magnetizados por una fuerza especial, se desesperan en estacionar, bajar e ir hacia el río. Ellos no conocen de rituales, ni de silencios ni mucho menos de un pucho fumado en el ostracismo del auto. Ellos tienen la necesidad de abandonar sus carros... no les importa ni Paraná, ni lo obstruida que está la bajada ni si sus radios los satisfacen. Tampoco tienen la culpa.
Imagen 8: Éramos pocos...
Intuyo que el feriado de hoy, 15 de octubre (el Día de la raza fue el 12, pero conmemoramos el día que mejor se acomode a los bolsillos) tenía ocultas a las familias entre las decorosas plantas, pastizales, o bajaron todos del Tren de la Costa y se apropiaron de mi espacio. En unos veinte minutos, hordas de personas comenzaron a invadir el lugar y dejaron mezclar sus hábitos para no perder tiempo y disfrutar todo, antes que esas nubes cargadas dejen caer algunas gotas. Yo sin abandonar mi lugar de refugiado1 los miro y les saco fotos. Yo, sin dejarme intimidar, los miro y trato de comprender sus manías. Yo pienso que mejor me voy a mi casa... ya tengo en mi poder más de treinta fotografías, tengo que seleccionarlas, editarlas y luego volcar mis sentimientos en un procesador de texto. Ya tengo todo para hacer mi trabajo, pero también tengo una visita más a mi rincón en el mundo, por lo menos el que ahora me toca...
Intuyo que el feriado de hoy, 15 de octubre (el Día de la raza fue el 12, pero conmemoramos el día que mejor se acomode a los bolsillos) tenía ocultas a las familias entre las decorosas plantas, pastizales, o bajaron todos del Tren de la Costa y se apropiaron de mi espacio. En unos veinte minutos, hordas de personas comenzaron a invadir el lugar y dejaron mezclar sus hábitos para no perder tiempo y disfrutar todo, antes que esas nubes cargadas dejen caer algunas gotas. Yo sin abandonar mi lugar de refugiado1 los miro y les saco fotos. Yo, sin dejarme intimidar, los miro y trato de comprender sus manías. Yo pienso que mejor me voy a mi casa... ya tengo en mi poder más de treinta fotografías, tengo que seleccionarlas, editarlas y luego volcar mis sentimientos en un procesador de texto. Ya tengo todo para hacer mi trabajo, pero también tengo una visita más a mi rincón en el mundo, por lo menos el que ahora me toca...
Daniel Francisco

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