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26 de diciembre de 2007

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Occidente Reciclado

Es asombrosa la cantidad de similitudes que existe entre los documentales “El tren blanco” – película argentina creada en el año 2002 y dirigida por Nahuel García, Sheila Perez Giménez y Ramiro García– y “Los espigadores y la espigadora” – película francesa dirigida por Agnés Varda, en el año 2000-, que a pesar de referirse a contextos aparentemente distintos, ya que la primera película se sitúa en un país subdesarrollado mientras que la segunda en uno de los países desarrollados del capitalismo, tienen los mismos problemas de pobreza y marginalidad, por lo que muchas personas se ven obligadas, para poder subsistir, a hurgar en los deshechos que algunos consideran inservibles. Sin embargo estas similitudes deberían no existir, ya que –nos quieren hacer creer los defensores del sistema capitalista- todos los países subdesarrollados, en algún momento de su historia llegarán a convertirse en un país desarrollado. Entonces me pregunto ¿De qué nos serviría llegar a ser un país desarrollado, como es el ejemplo de Francia, si continuarían existiendo la marginalidad, la miseria y la falta de justicia social? O quizás considerarán los capitalistas que la teoría del derrame, la cual supone que en algún momento los ricos acumularían tanta riqueza que ésta rebalsaría y llegaría a los necesitados, se refería a este revolver en la basura de “los de arriba” para poder alimentarse “los de abajo”.
Pero las semejanzas no se reducen solo al problema de la marginalidad que se expresa en ambos filmes, sino también a la forma en que es vista esa marginalidad por ellos mismos por ejemplo me llamó la atención que los entrevistados de ambas películas describían su situación en forma de resignación, y hasta la frase “es preferible hacer esto, que robar” es dicha por dos entrevistados refiriéndose cada uno a su trabajo, en el caso de “Los espigadores...” al hecho de juntar papas, y en el caso de “El tren blanco” al hecho de juntar cartones.
A decir verdad la única diferencia que encontré entre las películas es el estilo en que están filmadas. Por un lado el documental de Agnes Varda se basa en la metáfora, y tiene muchos aspectos surrealistas, como es el hecho de juntar y luego filmar papas en forma de corazón, por el contrario “El tren blanco” se mantiene en el plano realista y melancólico, donde la tristeza y la resignación se expresan de forma directa. Sin embargo también se parecen por la manera en que transcurre la película. Ambas se basan principalmente en el viaje, el film argentino es el viaje de los cartoneros en el tren para poder recolectar -me pareció interesante destacar el hecho de que hayan dejado por encima de la música de fondo el ruido constante del tren, tan similar al del latido del corazón-. En el film francés, en cambio, el viaje lo realiza la misma directora a través de las distintas ciudades francesas en las que va encontrando siempre gente que recolecta objetos, comida etc. que han sido desechadas por otras personas, pero en cada lugar hay desechos de distintos estilos, distintas “sobras”.
Al analizar las dos películas se puede dar cuenta de la farsa en la que uno vive inmerso día a día, la idea de que el mundo será justo en algún momento, sin que sea necesario cambiarlo, o el hecho de que “estas cosas solo suceden en Argentina”, es un grave y peligroso error. La marginalidad en Argentina existe y es extrema, pero también existe y de manera acentuada, en los países que se suponen desarrollados, en los países que han alcanzado el ideal del sistema capitalista. Entonces no somos el problema nosotros los “subdesarrollados” sino el sistema. Muchos han dicho que el sistema comunista no funciona, y es por eso que ha caído, sin embargo, ¿alguien tiene el coraje da afirmar, todavía, que el capitalismo funciona luego de observar la realidad diaria de cualquier país capitalista?, ¿Acaso uno se animaría a prender una radio que electrocuta a los que la tocan, pero no a todos, sino a la mayoría de ellos? Por más que la radio logre transmitir señal, yo le colocaría un cartel de “no funciona” a la radio... y al sistema.

Nidia Perrone

2 de octubre de 2007

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El tren blanco, un mundo de significaciones

“El cartonero siempre busca su cartón, y es la miseria humana la que busca una razón”
La Zurda, “Hay un lugar”, Álbum: “Para viajar” (2007)

El significado de la palabra “viajar” con todas sus conjugaciones puede adquirir diferentes formas dependiendo de la cabeza que lo piense. Para algunos viajar es sinónimo de vacaciones, de placer, ocio; otros utilizan la palabra para un estado del organismo producido por el consumo de diferentes drogas. Pero, para muchos otros significa una oportunidad, una oportunidad que otorga el transporte para subsistir vinculada directamente a una fuente de trabajo. Y aquí también podríamos hacer un alto para observar que mientras que para algunos “trabajo” significa permanecer ocho horas en frente de una computadora, o detrás de un mostrador, para otros el trabajo es salir día a día a revisar, clasificar y recoger la basura de las calles de capital federal y Gran Buenos aires, en jornadas que comprenden ocho, diez, o más horas.
Justamente de esto trata el tren blanco, es simplemente un medio que vincula a cientos de desocupados con una ocupación que les permite una mínima subsistencia. Con imágenes de trenes, vías, furgones, carros, cartones y bolsas, el documental muestra particularmente escenas y relatos de la vida cotidiana de los cartoneros que viajan todos los días en el tren blanco de la Línea Mitre; ilustra una de las tantas caras de la pobreza que dejó la crisis política-económica-social que estalló en 2001.
Se escucha el sonido estridente de la bocina de un tren que, compuesto en su mayor parte por furgones, hace su arribo a la estación Ministro Carranza. A continuación, si es sabido que los pasajeros de este tren carecen de vestimenta suficiente, comida, dinero o salud, dejan demostrado que entre ellos no falta la solidaridad. Puede verse como unos a otros se ayudan entre si para poder subir al tren con los carros y que ninguno se quede afuera antes de que emprenda su partida. Se podría hablar en realidad de una comunidad del tren blanco. Se trata en su mayoría de residentes de dos barrios de José León Suárez, que, ante el problema de la desocupación, decidieron organizarse y negociaron con la empresa de trenes TBA la disposición de un tren apto, que les permita trasladarse con carros a Capital Federal para poder recolectar residuos.
Bob Marley fue quién alguna vez dijo “si no tienes trabajo, invéntate uno”, y, en correlato a esto, en el film se ve subrayada la importancia que para los recolectores “no oficiales” de residuos significa la palabra trabajo. En sus relatos destacan reiteradas veces que ellos consideran que el hecho de juntar basura es un trabajo, que, agradable o no, resulta dignificante. Uno “hace algo”, y, por contraste, al hacer algo deja de hacer “otra cosa”. En este caso, los cartoneros cuentan como trabajan todos los días para no tener que salir a robar, combatiendo de esta forma el hambre, la delincuencia e inconscientemente la desocupación, se inventan un trabajo.
Argentinos, paraguayos, bolivianos, hombres, mujeres, ancianos, niños o bebés; el tren blanco no discrimina sexo, edad o nacionalidad. Son todos los integrantes de este margen social llamado pobreza (y en el peor de los casos indigencia) los que salen a las calles revolviendo la basura sin protección alguna en las manos, arrastrando sus carros nada ergonómicos, en sus espaldas calle arriba y calle abajo. Los carros, los hay de todas formas y colores, grandes, chicos, de supermercado, con ruedas de bicicleta o de auto, cada uno diferente, aunque todos cumplen con una condición, la de no sobrepasar la mínima medida necesaria para poder pasarlo por la puerta de un furgón.
Si se puede destacar alguna constante que se deje ver en los relatos de los trabajadores entrevistados, son el esfuerzo, constancia y dedicación que vuelve su actividad un trabajo digno. Por eso el tren blanco no es solo un viaje, sino que es parte de su vida. En los testimonios se ven muchos chicos, los cuales dicen no recordar haber tenido algún momento feliz en los últimos tiempos: sus vidas se ven reducidas al tren y la calle.
Se puede concluir en que el documental es un recorte. En él las palabras tren, viaje, trabajo y cartón se encuentran íntimamente ligadas formando un todo. Ese todo es la vida de los cartoneros y no es más que eso. No hay tiempo para la recreación. Viven para sobrevivir, para juntar cartones. Pocos son los que tienen tiempo para el ocio. Además de las malas condiciones de trabajo y que éste implica recorrer las calles todo el día, la remuneración es escasa: 60 pesos por semana, según una cartonera: según ella, su vida es el cartón y la familia.
En lo personal para mi el tren significa una oportunidad, en otro tiempo lo fue para poder trabajar, hoy lo uso para poder estudiar fuera de mi ciudad. Además, es una forma de contactarme y concientizarme de la realidad con la cual convivo. Nunca saqué la cuenta, pero son muchas las personas, hombres, mujeres y sobre todo niños, los que desfilan por los pasillos del Ferrocarril San Martín, entregando tarjetas o simplemente dando un discurso sobre su condición social a cambio de monedas, a cambio de una limosna. Y también son muchos los cartoneros que han instalado sus viviendas a tan solo metros de las vías y esperan durante el horario de la siesta y por la media noche, a un costado del andén, a que pase el tren blanco, porque el Ferrocarril San Martín al igual que el Mitre, tiene un tren para cartoneros. Puedo asegurar que lo que se ve en el tren blanco no dista mucho de lo que sucede en “el San Martín” que realiza el recorrido de Retiro a Pilar. El film realiza una descripción bastante fiel de lo que es la vida de los cartoneros.
Suena paradójico que mientras que a San Martín muchos lo recuerdan por haber cruzado los Andes en una lucha por la liberación de los habitantes de nuestro territorio, hoy su nombre nos remita a un tren que cruza el conurbano bonaerense mostrándonos la injusta vida de los oprimidos y marginados por este sistema. Pero así es.
A su vez considero al tren una estafa, ya que el estado de los trenes es cada vez peor. Más de una vez he tenido que bajarme junto con los demás pasajeros a esperar otro tren en alguna estación, debido a que la locomotora se encontraba averiada. En las “horas pico” se viaja como ganado. En las horas en que el tren está algo vacío, no falta una señora que pegue un grito porque un menor pasó corriendo, le arrancó alguna cadena de oro del cuello o le arrebató el celular para luego saltar del tren en movimiento. Si alguien “tuvo la suerte” de viajar en el furgón en alguna oportunidad, se habrá dado cuenta que el olor a marihuana quemándose es algo de todos los días, acompañado por el sonido de las bolsas cargadas de pegamento, al inflarse y luego descomprimirse con las inhalaciones y exhalaciones del aire de los pulmones de algún desgraciado.
Por último, y muy relacionado con el párrafo anterior, el tren significa muerte. Tampoco llevo la cuenta de cuantas personas he visto y tenido que sacar debajo del tren después de haber sido atropelladas por éste en el año y medio de servicio que llevo como bombero voluntario, pero son bastantes. Cientos de transeúntes y pasajeros mueren al año en accidentes ferroviarios. Algunas veces por negligencia de las mismas victimas apuradas en las corridas de todos los días para ir a trabajar (aunque considerando las terribles demoras, la gente no tiene la culpa de estar apurada por temor a perder el tren y tener que quedarse clavada media hora hasta la llegada de la próxima formación). Otras veces la responsabilidad cae en parte importante sobre las autoridades, los pasos a nivel son un desastre, faltan carteles, cercados, señalización y no existe una campaña sería de prevención tanto por parte de las empresas como del estado.
Todo forma parte de una misma realidad: las muertes, la pobreza, la corrupción, los cartoneros, la inseguridad, todo es parte de lo mismo. Los cartoneros del documental dicen no tener más esperanzas de que su realidad y la del país cambien, según ellos, todo esta perdido. El tren blanco es un ejemplo de la solidaridad, gente que está en la misma situación dejando en claro que la unión hace la fuerza, fuerza para salir adelante. Pienso yo que es por medio de la solidaridad en conjunto con la educación, la única forma que existe para poder sacar el país a flote. Sin embargo hoy en día para mí eso no es más que una utopía.

Lisandro Argarañaz

27 de septiembre de 2007

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Agnes Varda elige un comportamiento mimetizador con los recolectores que van asomando en este musicalizado film que mezcla el cine con el arte. La directora, entonces, se transforma en una espigadora más, comienza a cosechar pequeñas historias y va tomando con sus envejecidos dedos a los protagonistas, que los busca entre el árido terreno y surgen como granos para el espectador.
La recolección es objeto de basura, de muebles, de comida, de elementos puramente desechados y es que el eje central y único de este documental, es el desecho y como la gente, en una azarosa aventura, forma parte de este “intercambio” cultural y social que forma en una nueva perspectiva, a mi entender, un hecho sociológico en estos últimos años.
A lo largo de la muestra, se nos presenta un “menú” que consta de un primer plato de granos de trigo dorados de la antigüedad, un acompañamiento de papas con extrañas formas y demás verduras, un segundo plato con electrodomésticos que sus dueños ya no quieren, una horda de comida al borde del malestar final y de postre, un aggiornado encuentro ciudadano y la variedad del mismo: más frutas, más historias, más hambre, más rechazo al consumismo y donde podemos dejar como propina lo aprendido, un conocimiento acerca de la basura, de la gente que vive de las sobras y ver más allá del sentido común: la ley que ampara, protege, permite y colabora en afán de los espigadores, los recolectores o simplemente, de estos llevadores de sueños.


Sin dudas, luego de ver “El tren blanco” y de entrometerme en el documental de Agnes Varda, “Los espigadores y la espigadora”, no puedo más que pensar en una única realidad y en dos caras de esta misma cuestión. Por un lado, la organizada recolección de desechos autorizados y casi legales en Francia, donde transcurre el documental de Varda, desechos que se “dan el lujo” de ser abandonados a la suerte de los que los necesitan, conllevando una suerte de valor y de importancia social, y por otro lado tenemos la problemática nacional, el encuentro asiduo de los cartoneros, nuestros espigadores del cartón.Como decía al principio, es un mismo problema: el hambre, la desocupación, la enajenación cultural de las clases bajas o minimizadas a un lado de la estructura sociopolítica y la modernización o usurpación de las máquinas al masivo trabajo humano. Lo sé, no es algo particular ni de Francia ni de Argentina, es un efecto mundial de la industrialización, la globalización o etc. Pero esta misma problemática nos enseña dos caras, como hice hincapié previamente, y que se basan en la desigualdad de condiciones, en las reglas de juego y que tienen como protagonistas algo en común: el ser humano, humillado, llevado a menos por los comportamientos hegemónicos o simplemente, por un descuido de quienes nos rigen.

Daniel Francisco

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¿Qué podemos decir cuando se nos aparecen palabras como: crisis, calor, frío, patria, política, medios de comunicación, trabajo, hambre, dignidad, vergüenza, familia, discriminación, calle, muerte, infancia... futuro?

Sinceramente, remontar la imaginación y el pensamiento a la crisis que sufrió el país en el 2001 y que aun la “marea” de la desestabilización social nos golpea, es crear una puesta en escena muy fuerte, muy dura. Es revivir los ruidos de las cacerolas, lo sofocante del calor, el olvido del fútbol, y el resurgimiento descarnado, desmedido y violento de la patria. Como una nueva patria, como un pedido de auxilio, un S.O.S. masivo ante el abandono, la precarización de la dignidad humana y la acentuación de la vergüenza que conforman una nueva identidad en las personas.
Y estos hombres y mujeres protagonizan un único movimiento social, la centralización del oficio del cartón, la búsqueda de un “pan de corrugado” o un “sachet de madera” y todo esto en medio del tren blanco, como un puente entre la miseria de la vida y el nuevo idioma del trabajo. Como si el hambre de comida y de trabajo sea poca cosa, estos hombres y mujeres, salen a la vida con la frente en alto, con la bandera de la calle, con el claro let it motiv “no molestamos a nadie”, “hicimos una fuente de trabajo” y con el asumido mote de sobrevivientes que sobreviven.

Pero ¿qué sucede con estos hombres solitarios despojados de vergüenza y sufridos por ello mismo? ¿Acaso la vida les prepara nuevos desafíos más fatalistas que el hambre y el agotamiento ético y físico? ¿Realmente tienen estos seres ética? La respuesta la dan ellos mismos, alegando que son el sinónimo preferido de la discriminación, de las malas miradas, de los bajos conceptos y del alto riesgo, como por ejemplo es mandar a sus hijos a “cirujear” y que estos lo tomen como diversión, como trabajo, como algo para hacer ya que el país no les da otras posibilidades desde esa prematura edad.

“El tren blanco” te muestra eso y mucho más, te muestra lo que no se ve y te deja entrever el dolor de los cuerpos, la dureza de la calle y el “sin salida” que la vida les regala a estos personajes de la gran ciudad que esperan en la periferia para llevarse todo, todo eso que luego de muchas horas de trabajo por semana (sin un día franco) les facilita el acceso a un pan ya no corrugado ni un sachet de leche hecho imaginariamente con cajones de frutas.
Por ultimo me gustaría agregar una critica muy personal pensando en aquellos que pueden llegar a este documental desde un lugar de ignorancia absoluta y respetable. Y es que este film no nos muestra cual es el final de semejante lucha, de tantas horas de pasos con un carro a la espalda, tanta asfixia e incomodidad en el tren o tantas miradas encimas. No vemos como ese “cartón” que simboliza la comida, los útiles escolares, la gaseosa por gusto, etc. se transforma en dinero para capitalizarlos en deseos o mejor, en necesidades.

Daniel Francisco

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Una de las tantas temáticas que tienen en común los documentales “El tren blanco” y “Los espigadores y la espigadora” (título original: Les glaneurs et la glaneuse) es la de la pobreza. Pobre es para el diccionario “persona que no tiene lo necesario para vivir, o que lo tiene con mucha escasez”. Ambos documentales intentan reflejar, y hacernos reflexionar, sobre otra idea de pobreza, otra imagen, que la cuentan quienes la sufren.
“El 20 de diciembre de 2001 renuncia el presidente De la Rúa, sumergiendo al país en la peor crisis de su historia, las estadísticas oficiales aseguran que el 45% de la población de Argentina esta desempleada o subempleada”. “Los trabajadores del cartón, son hombres, mujeres y niños que se ganan la vida juntando lo que otros desechan, buscando en las bolsas de basura papeles, diarios y cartones. En cada esquina o detrás de un árbol, alguien se dispone a abrir su primer bolsa. Abre, saca y cierra, ocultando entre papeles de colores la dignidad que los convierte en hombres. Esta es la historia de muchos hombres. Esta es la historia de un país”. Con estas palabras comienza el documental, así comienza la historia de un país, de la pobreza de un país.
“El tren blanco” intenta reflejar la situación que atraviesa una parte de la sociedad argentina, que durante estos últimos años ha sido empobrecida como consecuencia de un modelo económico y social que se instauró a partir de la llegada del neoliberalismo. El tren blanco es el fiel reflejo de este modelo, él es el encargado de transportar a los excluidos del sistema, viaja de noche (casi invisible) en compañía de la indiferencia y la soledad. Este documental es un viaje a través de las vivencias de estos hombres, “los cartoneros”, que toman esta actividad como un trabajo y lo defienden con dignidad.

La pobreza de esta parte de la población argentina se ve en cada imagen, efecto y arreglo musical de la película. Los testimonios de los protagonistas, de los trabajadores del cartón, nos permiten pensar la pobreza desde su más profundo significado. Nos permiten entender, o intentar entender, qué siente una persona pobre, cómo se vive y sobrevive siéndolo. Estos hombres no sólo recogen cartones de la basura, también reflexionan acerca de la felicidad, del futuro, de la familia, del país.
“El tren blanco es un medio de vida, no es otra cosa…”. Son las palabras de uno de los tantos trabajadores del cartón, de uno de los pasajeros de este tren que transporta dignidad, esfuerzo, esperanza, y no nos olvidemos: pobreza. “Y, es feo, pero tenemos que abrir las bolsas, no nos queda otra… a mí si me dieran un trabajo no salgo más, pero a mí me dejaron sin trabajo y ya tuve que agarrar esto, ¡si no había otra cosa! He buscado trabajo, he buscado por todos lados, nada, nada… pero… nose, sólo tendré que tener paciencia, ya tuvimos bastante y vamos a tener que seguir teniendo; me parece que por un buen rato…”. Mirada de tristeza al relatar el porqué se está en la calle, el porqué de la existencia del tren blanco. Por un lado, la resignación, “no nos queda otra”, la denuncia de un país sin empleo. Luego, la evidencia de una lucha, de la esperanza, de paciencia. Esto es la pobreza para ellos, para estos hombres que la sufren y la enfrentan, que no lo esconden, que no roban, que se ganan su pan de cada día, con los desechos de otras personas.
“Los espigadores y la espigadora” toca el tema de la pobreza desde otro punto de vista, bien parecido y diferente al mismo tiempo. Este documental nos quiere hacer pensar acerca de la sociedad de consumo en la que vivimos, de usar y tirar, del

despilfarro que hacemos a diario. La diferencia con “El tren blanco” radica en que el documental francés muestra que lo que se desperdicia es recogido por otras personas, algunas lo hacen por su extrema pobreza y otras para otros fines (como para realizar obras de arte) o simplemente por la creencia de que es inmoral. De cualquier manera, la directora intenta mostrar a lo largo de toda la película el hecho terrible e indecente que es derrochar tal cantidad de comida y objetos cuando miles de seres humanos se mueren de hambre en el mundo.
Antes, se decía espigadores a los trabajadores de campo que, después de la siega, se agachaban para recoger las espigas. Ahora, se agachan en las grandes ciudades, entre la basura. Agnès Varda ha grabado este documental tomando testimonios de diversas personas que recolectan los desechos, pobres entre ellos. Pero también, ha recogido testimonios de los que desechan, en especial las grandes empresas gastronómicas, y se ha encontrado con una gran incomprensión: “¿Por qué los pobres no pueden recoger lo que vosotros tiráis?” “porque no es legal”, responden. Pero mientras toneladas de comida se pudren, otros de mueren de hambre.
La directora resume y concluye su trabajo con estas palabras: “me las arregle para acercarme a ellos, para sacarles fuera de su anonimato. Descubrí su generosidad. Hay muchas maneras de ser pobres, manteniendo el sentido común, el sentido de cólera o de humor”
Ambos documentales encuentran otra definición de pobreza, distinta de la del diccionario, o la de los medios de comunicación, o la de los discursos políticos. Los que cuentan cómo se vive en la pobreza son justamente, los que la viven, o la sufren. Las
imágenes de cada agachada para recoger un cartón o una papa, cada imagen de un tren destrozado que los transporta, o de los tantos kilómetros caminados en el campo, reflejan la lucha, la no resignación, la constancia y esperanza de los que no tienen para comer, para dormir, para vestirse, de los famosos “pobres” que existen desde Argentina hasta Francia, que existen es este mundo.

Josefina Fenoglio

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Texto de opinión en base a una problemática surgida en los documentales de “El tren blanco” y “Los recolectores”

El tema que voy a desarrollar es el de la presencia de valorasen las personas que se encuentran en situaciones económicas precarias. En “Los recolectores” aparece el altruismo, entendido éste como el cuidado desinteresado en procurar el bien ajeno: los espigadores urbanos que recogen muebles y electrodomésticos abandonados los arreglan y, cuando no se los quedan o venden, simplemente los regalan a otros vecinos que los necesitan. Pero la más importante demostración de amor desinteresado la hacia el prójimo la hace un espigador con conocimientos de biología, un profesor desempleado que enseña a leer a otros que viven con él en el mismo albergue. ¿Es acaso la misma situación límite de penurias económicas la que despierta en los más pobres el deseo de ayudarse mutuamente? En una sociedad donde imperan conductas frívolas, consumistas, hedonistas e individualistas que se han ido instalando como modelo a seguir, estas personas han recuperado los valores e ideales perdidos por el hombre light.
En “El tren blanco” todos ubican el momento de reunión familiar como el motivo de su alegría, descanso y paz. El estar juntos en familia justifica todo el esfuerzo y el sacrificio de tener que salir todos los días con una pesada carreta (su instrumento de trabajo), a buscar en las bolsas de basura cartones, papeles y diarios que luego cambiarán por unos pocos pesos. La familia les despierta valores como el compromiso, la solidaridad, la unión, es el estímulo que tienen para afrontar el día a día con valentía y coraje. Es realmente admirable: en unos, aparece la conducta altruista; en otros, la revalorización de la familia como institución social formadora de valores. La ética y moral que a veces se cree del todo perdida resurge en quienes son discriminados y menospreciados por haber nacido en condiciones desventajosas en un mundo materialista regido por las leyes del mercado, más que por aspectos esenciales que dan cuenta de la calidad humana de cada persona, como son los valores.
Tal vez el hecho de que estas personas hayan tenido que aprender a luchar con las desventajas de ser pobre los haya condicionado para que tengan una integridad moral superior a la de muchos de nosotros. Entonces, no quedan dudas de que el sufrimiento es la forma universal de aprendizaje.

Cristina Chinchi García

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Notas sobre “El tren blanco”

El documental comienza mostrando los acontecimientos del 20 de diciembre de 2001, durante la caida de De la Rúa. Son imágenes fuertes, el descontrol, la violencia, el llanto, la muerte y la impotencia ganaban las calles. Saqueos a negocios, manifestaciones callejeras (“cacerolazos”), represión contra los manifestantes; este contexto de crisis es el que precedió a un período de pobreza y miseria general que empeoró las condiciones de vida de la población.
Todo esto tuvo que dar origen a la realidad vivida en el Tren Blanco: este es el nombre con que se conoce al tren en el que viajan quienes viven de juntar cartones, papeles y diarios. La cámara que registra el recorrido en este medio de transporte comienza a recoger testimonios de los pasajeros: ellos son personas que trabajaban en fábricas, en tareas de limpieza o incluso tenían oficio, como lo es el de un carpintero que ahora ya no consigue trabajo porque se lo considera demasiado viejo. Una mujer cartonera (que antes trabajaba limpiando casas) define con sus propias palabras qué es el tren blanco: “es una fuente de trabajo. Estamos organizados, pagamos un bono y somos conscientes de ello. Es la única manera de poder vivir porque no hay trabajo.” Existen prejuicios contra los cartoneros, un hombre comenta: “algunos nos discriminan, nos dicen cirujas, pero ser piruja es un trabajo; yo vivo juntando papeles, cartones y diarios y con ello me defiendo: ésa es mi vida.” Lo que más me conmueve es que ellos tienen muy presentes valores tan esenciales como los que representa la familia: todos coinciden en que su único momento de paz y alegría es cuando pueden reunirse con su familia, ya sea para mirar la televisión o comer un asado, etc. El valor simbólico que estas personas dan a las palabras compartir y familia es quizás lo único que la cámara no puede registrar. Desde esta mundo material lleno de penurias para muchos y placer para pocos, ellos han aprendido a encontrar la felicidad en aspectos esenciales: la unión, el afecto y el amor que sólo la familia puede ofrecerles, algo con lo que siempre podrán contar y compartir, aunque no tengan nada.

Cristina Chinchi García

10 de septiembre de 2007

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-Manifestaciones del 20/12/01. Aparecen personas cantando el Himno y haciendo una manifestación en Plaza de Mayo. Un televisor de un bar muestra que renunció De la Rúa.
-Suben los cartoneros al tren blanco, llevan changuitos de supermercado y carritos. Una persona dice que el tren blanco es un medio de vida.
-Aparece un hombre llamado Felipe. Hace tres años que el tren blanco le está dando algo en su vida y le da la posibilidad de comer. Sabe que la gente llama a las personas que viajan en el tren cirujas, pero él considera que ser cartonero es un trabajo más como cualquier otro.
-Un hombre llamado Marcos junta diarios para poder darle de comer a su familia, prefiere este trabajo antes que salir a robar. Solía trabajar en una fábrica de lavandina, pero cerró.
-Una mujer, quien no da su nombre, trabajaba en una empresa de limpieza, es viuda y tiene seis hijos. Con este trabajo puede llevar comida a su casa.
-Los cartoneros se sienten discriminados por las personas que ven mal ese trabajo, y aceptados por otras, como, por ejemplo, los porteros de edificios que les juntan diarios.
-Se convive en la pobreza, esta es el corazón y no la vida.
-Los dos barrios, en donde viven los cartoneros, están organizados con respecto al bono (boleto) que constituye su fuente de trabajo.
-Cuando abren una bolsa de basura no sienten vergüenza, sienten cosas a favor, porque la gente tira objetos que no le servía y a ellos sí.
-El tren llega a la última estación. Los cartoneros bajan con sus carritos y sus changuitos.
-Un hombre opina que hay mucha gente que está en la pobreza. Cuando no tiene para comprar el pan siente bronca.
-Hay un hombre paraguayo que hace once años que está en Argentina y tiene dos hijos nacidos acá. Explica que le daría más vergüenza salir a robar y que en el tren blanco hay problemas porque hay muchas personas que lo toman.
-Ramona (43 años), tiene ochos hijos, tres nietos y es separada. Antes trabajaba, pero dejó de hacerlo, ahora se mantiene con la carreta. Solía salir a pedir con sus hijos.
-Un hombre se dedica a juntar cartones desde que tenía ocho años, momento en el que fue dejado por su padre. Ahora come pan duro de las bolsas de basura.
-El hombre de Paraguay explica que no hay trabajo y que el único recurso es juntar cartones. Está preocupado porque dice que, dentro de dos o tres años, vendrán los japoneses a comparar los cartones que la gente tire.
-Cristian tiene doce años. Cada vez que sale a juntar cartones saca $30, le da la mitad a su mamá, con el resto se compra cosas para el colegio y cosas que necesita en ese momento.
-Un cartonero saca un promedio de $60 o $70 por noche, un total de $250 a la semana.
-A los cartoneros les sirve todo lo que la gente tira, ropa, calzado, muebles, diarios. Pero ahora la gente no tira tantas cosas como antes porque no hay dinero.
-Un joven es panadero y peluquero, pero, como no hay trabajo, no consigue empleo.
-Sienten una importante falta de apoyo por parte de la gente, y por eso creen que jamás saldrán de la pobreza.
-Hay muchos cartoneros que tiene oficios, algunos son jardineros, carpinteros, pintores.
-Piensan que el gobierno no se fija en lo que sufre la gente y que no hay futuro para sus hijos.
-Tratan de explicarles a sus hijos que no tiene por qué tener vergüenza. Les dan un buen ejemplo a estos porque la pasan mal, porque hacen sacrificio.
-Las carretas existieron toda la vida, pero ahora molestan desde que el tren se privatizó.
-El tren está diagramado, hay horario fijo de ida y de vuelta. Al parecer, hay intención de sacar el tren blanco, para impedirlo deben intervenir los medios de comunicación, ya que el gobierno no da respuesta.
-La cámara muestra un reclamo de comida hacia el supermercado Coto.
-Par un hombre la pobreza no es nada, ya que tienen salud, lo único que les falta es dinero. Los ricos gastan en remedios y los pobres en vicios; Dios es justo con todos, mira a todos y en el Reino de Dios todo será diferente.
-Ser cartonero es un trabajo, por eso no se debe sentir vergüenza y se debe ir con la frente en alto.
-Tienen conceptos diferentes sobre lo que es la felicidad: Algunos piensan que no hay felicidad, otros que la felicidad es llegar a la noche a su casa y ver a su familia, y otros cuando ganan mucho dinero.
-Imágenes de una manifestación en Plaza de Mayo. Está declarado Estado de Sitio, hay personas de todas las clases sociales, la policía las reprime con gases lacrimógenos, balas de goma, disparos, latigazos.
-Los cartoneros quieren que haya trabajo para todos, pero mientras no haya trabajo quieren seguir con el tren blanco, sin el tren va a ver cada vez más delincuencia.
-Se ve a los cartoneros que vuelven a subir al tren blanco, luego de un noche de recolección de cartones, diarios, papeles.
-La libertad es la humildad del corazón, no tener maldad, estar tranquilos.
-Los cartoneros hicieron un micro emprendimiento, en el cual mandan ayuda a Tucumán en tren.

Jesica Bosso

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El Tren Blanco

El documental comienza en la estación Catedral, subte línea D. Euforia, brazos agitándose en el aire, manifestándose. Banderas argentinas y de fondo el himno nacional.
“El pueblo unido jamás será vencido”.
Jóvenes, viejos, adultos, la policía; todos en las calles. Renuncia del Presidente De la Rua.
“Trabajadores del cartón”. Un estilo de vida. Tristeza en el tren, abandono, desgano. Viajando en el tren, la posibilidad de generar algo en la vida.
Cirujas: es un trabajo. Cirujear: forma de rebuscarse. Otra forma. Una nueva forma de trabajo. Rebuscárselas
(Luego de la renuncia del presidente, mucha gente quedo desempleada, sin posibilidad de trabajar)
No tienen vergüenza: cirujear es una forma de mantenerse.
Tren Blanco: no andar robando, “Te pueden matar y dejas a tu familia”. Blanco: pacifico.
A veces se usan otros trenes, trenes normales. La gente mira mal.
Sin techo, pero sí donde recuperar la vida: en la calle; de la calle, juntando. No robando. Rebuscarse limpiamente.
“Pobreza es en el corazón, no en la vida.” “Amar por mas que no tengas nada.”
Organizados: pagan boleto.
Hicieron del tren una fuente de trabajo. No hay vergüenza de buscar en la basura. Recoger = esperanza = trabajo.
Solamente hay que tener vergüenza para robar, no para revolver basura.
En la pobreza uno trata de subsistir, estar apretados, no tener para comer pan à bronca.
Hay cada vez más gente en esto, y cada vez menos para juntar.
Los chicos le dicen a su mamá, salir a juntar, no pedir.
“Sin los diarios no podemos vivir. Lo que otros tiran a nosotros nos sirve pero ya no se tira casi nada.” ”La carreta me da de comer.”
“El que se la da de cogotero esta equivocado.” Que no le de vergüenza, trabajo digno.
“No somos pobres. Estamos cortos de plata pero tenemos salud. Nosotros no nos enfermamos, los ricos sí. Dios es igualitario”
“Todos los días son iguales. Jamás me enojo”
¿Contento? “No se. Todos los días cuando llego a mí casa y está toda mi familia. Es lo más lindo, compartir con ellos. Lo mas lindo de la vida”
“De lo que pasa en el país no se nada ya. Se fue abajo ya” Cada vez peor.
”Si nosotros nos vamos al carazo, al chorreo es porque no tenemos trabajo.”
“Que el tren siga.” Trabajo = esperanza.

Los Espigadores y las Espigadoras. Les Glaneurs et Glaneuse.

A diferencia del documental anterior, este estaba en francés. Situado en Francia se podía apreciar la diferencia cultural y la magia que flota en las ciudades francesas. Cafés por doquier, sus respectivas mesitas en la calle; el ambiente despreocupado y libre de muchos prejuicios donde la gente circula sin sancionar y muchos recolectan o espigan.
Al comienzo del documental se hace una breve referencia a la historia de los espigadores; hombres y mujeres que labraban los campos y recolectaban el fruto de su esfuerzo. Se menciona el famoso cuadro de Millete, donde un grupo de mujeres esta espigando en época de cosecha.
Se puede hacer una diferenciación entre los espigadores, o recolectores, ya que no todos van en busca de lo mismo. Un primer grupo de espigadores se focaliza en la comida. Por lo general no tienen que comer y basan su alimentación en lo que pueden recolectar ya sea en el basurero de un supermercado; ya sino por las calles, quizá en los restos de algún mercado; o también en los campos de cultivo. La directora del documental filmó un caso donde cultivadores de patatas, luego de recolectarlas del campo, las seleccionaban. Aquellas no aptas para ir al mercado eran desechadas, dejadas en montículos en el campo donde luego grupos de recolectores iban a proveerse. Algunos, al ver hornos o heladeras abandonadas también las recolectan ya que muchas veces pueden arreglarse y sirven para cocinar o guardar la comida que juntan.
El tema de la recolección no es siempre bien visto. Muchos propietarios no lo permiten, mientras que otros lo hacen de mala gana. Sin embargo, es algo que parece estar permitido por la ley. Por lo general, los espigadores parecen recolectar lo que necesitan y no de más. Como en el caso de los recolectores del Tren Blanco, estos recolectores franceses tampoco se avergüenzan de ello. Por el contrario, muchos lo hacen con orgullo. Se considera que mucha gente arroja a la basura alimentos que todavía están en condición de ser consumidos. Los espigadores se sienten satisfechos de recolectarlos y utilizarlos ya que de esta forma no desperdician. “(…) reutilizar es un ejercicio de ética para mi.”
En el documental se habla también de otro tipo de espigadores. Estos están más ligados al arte y recolectan objetos, los reciclan, y los utilizan para crear. Los objetos “(…) han tenido un pasado, todavía pueden tener vida. Hay que darles una segunda oportunidad.” Aquellos objetos que alguna gente deja en la calle porque ya no les encuentran uso, son valiosos para otros quienes los reutilizan, los sacan de contexto y crean algo nuevo. Un hombre hacía totems con objetos que eran basura para otros, en especial con muñecas. También se hizo mención en el documental a una exposición donde se mostraban trabajos artísticos, todos hechos con objetos recolectados de la basura. Una exposición donde la basura y el arte se fusionaban para crear.
Otra cosa que llamó mi atención fue la importancia que parecían tener las manos para la directora del documental. Según ella, su propia mano gastada parecía detonar vejez, muerte, fín. Esto parecía hipnotizar a la mujer quien hacía constante referencia a sus manos cansadas y surcadas por arrugas. Las manos se relacionan también con el tema del documental ya que las manos son una de las herramientas fundamentales para los espigadores.

Comentario

El tema central de ambos documentales es el de recolectar. En ambos casos se menciona que no se tiene vergüenza del acto de recolectar, sino que es algo positivo. En el caso del Tren Blanco, el acto de recolectar es un generador de esperanza, una forma de lidiar con las adversidades de la vida, y una posibilidad de sobreponerse y seguir en la lucha. En el caso de Los espigadores y las espigadoras, la recolección también alimenta la esperanza ya que muchos viven a base de lo que recolectan y así logran subsistir. Pero también se habla de la recolección ligada a la creación, al arte. Esta modalidad de expresión es también algo valioso y provechoso. Por esto se puede ver la importancia y lo beneficioso de la recolección que no debería ser sancionada. Afortunadamente, en ambos documentales se hizo referencia al hecho de que los agentes no parecían avergonzarse de su actitud.

Amparo López