Agnes Varda elige un comportamiento mimetizador con los recolectores que van asomando en este musicalizado film que mezcla el cine con el arte. La directora, entonces, se transforma en una espigadora más, comienza a cosechar pequeñas historias y va tomando con sus envejecidos dedos a los protagonistas, que los busca entre el árido terreno y surgen como granos para el espectador.
La recolección es objeto de basura, de muebles, de comida, de elementos puramente desechados y es que el eje central y único de este documental, es el desecho y como la gente, en una azarosa aventura, forma parte de este “intercambio” cultural y social que forma en una nueva perspectiva, a mi entender, un hecho sociológico en estos últimos años.
A lo largo de la muestra, se nos presenta un “menú” que consta de un primer plato de granos de trigo dorados de la antigüedad, un acompañamiento de papas con extrañas formas y demás verduras, un segundo plato con electrodomésticos que sus dueños ya no quieren, una horda de comida al borde del malestar final y de postre, un aggiornado encuentro ciudadano y la variedad del mismo: más frutas, más historias, más hambre, más rechazo al consumismo y donde podemos dejar como propina lo aprendido, un conocimiento acerca de la basura, de la gente que vive de las sobras y ver más allá del sentido común: la ley que ampara, protege, permite y colabora en afán de los espigadores, los recolectores o simplemente, de estos llevadores de sueños.
Sin dudas, luego de ver “El tren blanco” y de entrometerme en el documental de Agnes Varda, “Los espigadores y la espigadora”, no puedo más que pensar en una única realidad y en dos caras de esta misma cuestión. Por un lado, la organizada recolección de desechos autorizados y casi legales en Francia, donde transcurre el documental de Varda, desechos que se “dan el lujo” de ser abandonados a la suerte de los que los necesitan, conllevando una suerte de valor y de importancia social, y por otro lado tenemos la problemática nacional, el encuentro asiduo de los cartoneros, nuestros espigadores del cartón.Como decía al principio, es un mismo problema: el hambre, la desocupación, la enajenación cultural de las clases bajas o minimizadas a un lado de la estructura sociopolítica y la modernización o usurpación de las máquinas al masivo trabajo humano. Lo sé, no es algo particular ni de Francia ni de Argentina, es un efecto mundial de la industrialización, la globalización o etc. Pero esta misma problemática nos enseña dos caras, como hice hincapié previamente, y que se basan en la desigualdad de condiciones, en las reglas de juego y que tienen como protagonistas algo en común: el ser humano, humillado, llevado a menos por los comportamientos hegemónicos o simplemente, por un descuido de quienes nos rigen.
Daniel Francisco
27 de septiembre de 2007
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Una de las tantas temáticas que tienen en común los documentales “El tren blanco” y “Los espigadores y la espigadora” (título original: Les glaneurs et la glaneuse) es la de la pobreza. Pobre es para el diccionario “persona que no tiene lo necesario para vivir, o que lo tiene con mucha escasez”. Ambos documentales intentan reflejar, y hacernos reflexionar, sobre otra idea de pobreza, otra imagen, que la cuentan quienes la sufren.
“El 20 de diciembre de 2001 renuncia el presidente De la Rúa, sumergiendo al país en la peor crisis de su historia, las estadísticas oficiales aseguran que el 45% de la población de Argentina esta desempleada o subempleada”. “Los trabajadores del cartón, son hombres, mujeres y niños que se ganan la vida juntando lo que otros desechan, buscando en las bolsas de basura papeles, diarios y cartones. En cada esquina o detrás de un árbol, alguien se dispone a abrir su primer bolsa. Abre, saca y cierra, ocultando entre papeles de colores la dignidad que los convierte en hombres. Esta es la historia de muchos hombres. Esta es la historia de un país”. Con estas palabras comienza el documental, así comienza la historia de un país, de la pobreza de un país.
“El tren blanco” intenta reflejar la situación que atraviesa una parte de la sociedad argentina, que durante estos últimos años ha sido empobrecida como consecuencia de un modelo económico y social que se instauró a partir de la llegada del neoliberalismo. El tren blanco es el fiel reflejo de este modelo, él es el encargado de transportar a los excluidos del sistema, viaja de noche (casi invisible) en compañía de la indiferencia y la soledad. Este documental es un viaje a través de las vivencias de estos hombres, “los cartoneros”, que toman esta actividad como un trabajo y lo defienden con dignidad.
La pobreza de esta parte de la población argentina se ve en cada imagen, efecto y arreglo musical de la película. Los testimonios de los protagonistas, de los trabajadores del cartón, nos permiten pensar la pobreza desde su más profundo significado. Nos permiten entender, o intentar entender, qué siente una persona pobre, cómo se vive y sobrevive siéndolo. Estos hombres no sólo recogen cartones de la basura, también reflexionan acerca de la felicidad, del futuro, de la familia, del país.
“El tren blanco es un medio de vida, no es otra cosa…”. Son las palabras de uno de los tantos trabajadores del cartón, de uno de los pasajeros de este tren que transporta dignidad, esfuerzo, esperanza, y no nos olvidemos: pobreza. “Y, es feo, pero tenemos que abrir las bolsas, no nos queda otra… a mí si me dieran un trabajo no salgo más, pero a mí me dejaron sin trabajo y ya tuve que agarrar esto, ¡si no había otra cosa! He buscado trabajo, he buscado por todos lados, nada, nada… pero… nose, sólo tendré que tener paciencia, ya tuvimos bastante y vamos a tener que seguir teniendo; me parece que por un buen rato…”. Mirada de tristeza al relatar el porqué se está en la calle, el porqué de la existencia del tren blanco. Por un lado, la resignación, “no nos queda otra”, la denuncia de un país sin empleo. Luego, la evidencia de una lucha, de la esperanza, de paciencia. Esto es la pobreza para ellos, para estos hombres que la sufren y la enfrentan, que no lo esconden, que no roban, que se ganan su pan de cada día, con los desechos de otras personas.
“Los espigadores y la espigadora” toca el tema de la pobreza desde otro punto de vista, bien parecido y diferente al mismo tiempo. Este documental nos quiere hacer pensar acerca de la sociedad de consumo en la que vivimos, de usar y tirar, del
despilfarro que hacemos a diario. La diferencia con “El tren blanco” radica en que el documental francés muestra que lo que se desperdicia es recogido por otras personas, algunas lo hacen por su extrema pobreza y otras para otros fines (como para realizar obras de arte) o simplemente por la creencia de que es inmoral. De cualquier manera, la directora intenta mostrar a lo largo de toda la película el hecho terrible e indecente que es derrochar tal cantidad de comida y objetos cuando miles de seres humanos se mueren de hambre en el mundo.
Antes, se decía espigadores a los trabajadores de campo que, después de la siega, se agachaban para recoger las espigas. Ahora, se agachan en las grandes ciudades, entre la basura. Agnès Varda ha grabado este documental tomando testimonios de diversas personas que recolectan los desechos, pobres entre ellos. Pero también, ha recogido testimonios de los que desechan, en especial las grandes empresas gastronómicas, y se ha encontrado con una gran incomprensión: “¿Por qué los pobres no pueden recoger lo que vosotros tiráis?” “porque no es legal”, responden. Pero mientras toneladas de comida se pudren, otros de mueren de hambre.
La directora resume y concluye su trabajo con estas palabras: “me las arregle para acercarme a ellos, para sacarles fuera de su anonimato. Descubrí su generosidad. Hay muchas maneras de ser pobres, manteniendo el sentido común, el sentido de cólera o de humor”
Ambos documentales encuentran otra definición de pobreza, distinta de la del diccionario, o la de los medios de comunicación, o la de los discursos políticos. Los que cuentan cómo se vive en la pobreza son justamente, los que la viven, o la sufren. Las
imágenes de cada agachada para recoger un cartón o una papa, cada imagen de un tren destrozado que los transporta, o de los tantos kilómetros caminados en el campo, reflejan la lucha, la no resignación, la constancia y esperanza de los que no tienen para comer, para dormir, para vestirse, de los famosos “pobres” que existen desde Argentina hasta Francia, que existen es este mundo.
Josefina Fenoglio
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Texto de opinión en base a una problemática surgida en los documentales de “El tren blanco” y “Los recolectores”
El tema que voy a desarrollar es el de la presencia de valorasen las personas que se encuentran en situaciones económicas precarias. En “Los recolectores” aparece el altruismo, entendido éste como el cuidado desinteresado en procurar el bien ajeno: los espigadores urbanos que recogen muebles y electrodomésticos abandonados los arreglan y, cuando no se los quedan o venden, simplemente los regalan a otros vecinos que los necesitan. Pero la más importante demostración de amor desinteresado la hacia el prójimo la hace un espigador con conocimientos de biología, un profesor desempleado que enseña a leer a otros que viven con él en el mismo albergue. ¿Es acaso la misma situación límite de penurias económicas la que despierta en los más pobres el deseo de ayudarse mutuamente? En una sociedad donde imperan conductas frívolas, consumistas, hedonistas e individualistas que se han ido instalando como modelo a seguir, estas personas han recuperado los valores e ideales perdidos por el hombre light.
En “El tren blanco” todos ubican el momento de reunión familiar como el motivo de su alegría, descanso y paz. El estar juntos en familia justifica todo el esfuerzo y el sacrificio de tener que salir todos los días con una pesada carreta (su instrumento de trabajo), a buscar en las bolsas de basura cartones, papeles y diarios que luego cambiarán por unos pocos pesos. La familia les despierta valores como el compromiso, la solidaridad, la unión, es el estímulo que tienen para afrontar el día a día con valentía y coraje. Es realmente admirable: en unos, aparece la conducta altruista; en otros, la revalorización de la familia como institución social formadora de valores. La ética y moral que a veces se cree del todo perdida resurge en quienes son discriminados y menospreciados por haber nacido en condiciones desventajosas en un mundo materialista regido por las leyes del mercado, más que por aspectos esenciales que dan cuenta de la calidad humana de cada persona, como son los valores.
Tal vez el hecho de que estas personas hayan tenido que aprender a luchar con las desventajas de ser pobre los haya condicionado para que tengan una integridad moral superior a la de muchos de nosotros. Entonces, no quedan dudas de que el sufrimiento es la forma universal de aprendizaje.
Cristina Chinchi García
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Notas sobre “Los recolectores”
“Espigar es recoger”, con esta idea/concepto comienza el documental. La mujer que filma con la cámara va por diferentes lugares de Francia, atraviesa zonas rurales y urbanas. En el campo, los cosechadores tiran enormes cantidades de la producción que no puede comercializarse pero que la gente pobre aprovecha para alimentarse, y pueden hacerlo porque la ley rural permite el “espigueo” en propiedad privada. El alimento que los espigadores recogen varía según la zona de producción, y el espigueo no es realizado sólo por personas en situación de extrema pobreza; por ejemplo hay cocineros que también lo hacen y utilizan estos alimentos como ingredientes en sus comidas, consiguiendo de este modo abaratar costos.
En la ciudad también hay espigadores, pero no son sólo comestibles aquello que se va a recoger, también chatarra (con fines artísticos), muebles y electrodomesticos que han sido abandonados por sus dueños. La ley urbana dice que quien abandona un objeto en la calle renuncia a él para siempre, y por lo tanto éste pasará a ser del primer recolector que lo tome. La mayoría de los espigadores se caracteriza por ser de condición humilde, todos tienen en común el hecho de que reutilizan aquello que otros tiran y consideran basura. Me llamó mucho la atención la historia de un joven que aprovechaba como base de su alimentación los comestibles que desechaba un supermercado. Aquel joven tenía estudios de biología, se había formado como profesor pero ahora estaba desempleado y vivía en un albergue donde enseñaba a leer a personas analfabetas que también vivían allí.
La mujer que filma el documental dice: “me gusta filmar los desechos, el derroche, la basura…” Y tiene mucha creatividad y dinamismo para desarrollar el tema del espigueo: combina música, paisajes, testimonios, lugares y situaciones diferentes, etc. Personalmente tuve la impresión de que su documental tiene una estética vanguardista, ella lo fue realizando con ese estilo y efectivamente logra ese efecto.
Cristina Chinchi García
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10 de septiembre de 2007
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-Gente juntando basura en la calle.
-Gente juntando granos en el campo.
-Agnes Varda se encuentra con una pareja. Les muestra un foto de una papa con forma de corazón, explican que esa clase de papas no pueden ser vendidas en los comercios porque no tiene el formato convencional y es algunos centímetros más grande de lo permitido.
-Un gran grupo de personas levantando frutas y verduras que quedaron abandonadas luego de una feria. Algunas personas recolectan basura por necesidad, otras porque ven como despilfarro el tirar alimentos que están en buen estado y pueden ser consumidos.
-Personas recogiendo telas, bolsas, plásticos, botellas, basura.
-Hay una maratón en reclamo contra la desigualdad. Algunos corredores están cubiertos con bolsas de nylon.
-Un campo de papas.
-Una mujer muestra un mantelito tejido al crochet.
-Personas recolectando papas y aceitunas. Uno de los recolectores es un hombre español, sus hijos se casaron en Francia.
-Aparece un hombre que era camionero. Trabajaba demasiadas horas diarias y no respetaba los turnos, en un control lo descubrieron y lo despidieron, quedó en la indigencia. Su mujer se fue de la casa con sus hijos.
-Una mujer vive en una casilla con su familia, sale a recoger basura y restos por necesidad.
-Un comedor comunitario donde un grupo de personas están comiendo.
-Sale un hombre de su casa con su bicicleta. Recoge cartones, bicicletas, botellas, papeles, y guarda todo lo que recolecta en un auto. Recolecta para ayudar a su hijo enfermo.
-Una gran multitud en un museo, miran unos cuadros de una campesinas humildes recogiendo granos y escuchan a la guía. Esto hace referencia a las campesinas pobres que, muchos años atrás, desempeñaban ese trabajo. Hoy en día, ese trabajo lo siguen ejecutando aquellos que recogen basura de las calles.
-Va a una carnicería e intercambia la papa en forma de corazón por tres salames.
-Una gran marcha en las calles contra el racismo.
Jesica Bosso
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El Tren Blanco
El documental comienza en la estación Catedral, subte línea D. Euforia, brazos agitándose en el aire, manifestándose. Banderas argentinas y de fondo el himno nacional.
“El pueblo unido jamás será vencido”.
Jóvenes, viejos, adultos, la policía; todos en las calles. Renuncia del Presidente De la Rua.
“Trabajadores del cartón”. Un estilo de vida. Tristeza en el tren, abandono, desgano. Viajando en el tren, la posibilidad de generar algo en la vida.
Cirujas: es un trabajo. Cirujear: forma de rebuscarse. Otra forma. Una nueva forma de trabajo. Rebuscárselas
(Luego de la renuncia del presidente, mucha gente quedo desempleada, sin posibilidad de trabajar)
No tienen vergüenza: cirujear es una forma de mantenerse.
Tren Blanco: no andar robando, “Te pueden matar y dejas a tu familia”. Blanco: pacifico.
A veces se usan otros trenes, trenes normales. La gente mira mal.
Sin techo, pero sí donde recuperar la vida: en la calle; de la calle, juntando. No robando. Rebuscarse limpiamente.
“Pobreza es en el corazón, no en la vida.” “Amar por mas que no tengas nada.”
Organizados: pagan boleto.
Hicieron del tren una fuente de trabajo. No hay vergüenza de buscar en la basura. Recoger = esperanza = trabajo.
Solamente hay que tener vergüenza para robar, no para revolver basura.
En la pobreza uno trata de subsistir, estar apretados, no tener para comer pan à bronca.
Hay cada vez más gente en esto, y cada vez menos para juntar.
Los chicos le dicen a su mamá, salir a juntar, no pedir.
“Sin los diarios no podemos vivir. Lo que otros tiran a nosotros nos sirve pero ya no se tira casi nada.” ”La carreta me da de comer.”
“El que se la da de cogotero esta equivocado.” Que no le de vergüenza, trabajo digno.
“No somos pobres. Estamos cortos de plata pero tenemos salud. Nosotros no nos enfermamos, los ricos sí. Dios es igualitario”
“Todos los días son iguales. Jamás me enojo”
¿Contento? “No se. Todos los días cuando llego a mí casa y está toda mi familia. Es lo más lindo, compartir con ellos. Lo mas lindo de la vida”
“De lo que pasa en el país no se nada ya. Se fue abajo ya” Cada vez peor.
”Si nosotros nos vamos al carazo, al chorreo es porque no tenemos trabajo.”
“Que el tren siga.” Trabajo = esperanza.
Los Espigadores y las Espigadoras. Les Glaneurs et Glaneuse.
A diferencia del documental anterior, este estaba en francés. Situado en Francia se podía apreciar la diferencia cultural y la magia que flota en las ciudades francesas. Cafés por doquier, sus respectivas mesitas en la calle; el ambiente despreocupado y libre de muchos prejuicios donde la gente circula sin sancionar y muchos recolectan o espigan.
Al comienzo del documental se hace una breve referencia a la historia de los espigadores; hombres y mujeres que labraban los campos y recolectaban el fruto de su esfuerzo. Se menciona el famoso cuadro de Millete, donde un grupo de mujeres esta espigando en época de cosecha.
Se puede hacer una diferenciación entre los espigadores, o recolectores, ya que no todos van en busca de lo mismo. Un primer grupo de espigadores se focaliza en la comida. Por lo general no tienen que comer y basan su alimentación en lo que pueden recolectar ya sea en el basurero de un supermercado; ya sino por las calles, quizá en los restos de algún mercado; o también en los campos de cultivo. La directora del documental filmó un caso donde cultivadores de patatas, luego de recolectarlas del campo, las seleccionaban. Aquellas no aptas para ir al mercado eran desechadas, dejadas en montículos en el campo donde luego grupos de recolectores iban a proveerse. Algunos, al ver hornos o heladeras abandonadas también las recolectan ya que muchas veces pueden arreglarse y sirven para cocinar o guardar la comida que juntan.
El tema de la recolección no es siempre bien visto. Muchos propietarios no lo permiten, mientras que otros lo hacen de mala gana. Sin embargo, es algo que parece estar permitido por la ley. Por lo general, los espigadores parecen recolectar lo que necesitan y no de más. Como en el caso de los recolectores del Tren Blanco, estos recolectores franceses tampoco se avergüenzan de ello. Por el contrario, muchos lo hacen con orgullo. Se considera que mucha gente arroja a la basura alimentos que todavía están en condición de ser consumidos. Los espigadores se sienten satisfechos de recolectarlos y utilizarlos ya que de esta forma no desperdician. “(…) reutilizar es un ejercicio de ética para mi.”
En el documental se habla también de otro tipo de espigadores. Estos están más ligados al arte y recolectan objetos, los reciclan, y los utilizan para crear. Los objetos “(…) han tenido un pasado, todavía pueden tener vida. Hay que darles una segunda oportunidad.” Aquellos objetos que alguna gente deja en la calle porque ya no les encuentran uso, son valiosos para otros quienes los reutilizan, los sacan de contexto y crean algo nuevo. Un hombre hacía totems con objetos que eran basura para otros, en especial con muñecas. También se hizo mención en el documental a una exposición donde se mostraban trabajos artísticos, todos hechos con objetos recolectados de la basura. Una exposición donde la basura y el arte se fusionaban para crear.
Otra cosa que llamó mi atención fue la importancia que parecían tener las manos para la directora del documental. Según ella, su propia mano gastada parecía detonar vejez, muerte, fín. Esto parecía hipnotizar a la mujer quien hacía constante referencia a sus manos cansadas y surcadas por arrugas. Las manos se relacionan también con el tema del documental ya que las manos son una de las herramientas fundamentales para los espigadores.
Comentario
El tema central de ambos documentales es el de recolectar. En ambos casos se menciona que no se tiene vergüenza del acto de recolectar, sino que es algo positivo. En el caso del Tren Blanco, el acto de recolectar es un generador de esperanza, una forma de lidiar con las adversidades de la vida, y una posibilidad de sobreponerse y seguir en la lucha. En el caso de Los espigadores y las espigadoras, la recolección también alimenta la esperanza ya que muchos viven a base de lo que recolectan y así logran subsistir. Pero también se habla de la recolección ligada a la creación, al arte. Esta modalidad de expresión es también algo valioso y provechoso. Por esto se puede ver la importancia y lo beneficioso de la recolección que no debería ser sancionada. Afortunadamente, en ambos documentales se hizo referencia al hecho de que los agentes no parecían avergonzarse de su actitud.
Amparo López
Publicado por Taller de Expresión I en 12:06 a. m. 0 Comentarios
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